Galicia no puede olvidarse de su mar

Lo dijo Cunqueiro, don Álvaro, y se repite como un axioma: aunque las cosas vengan mal dadas, a Galicia siempre le quedará la mar. Y si la crisis del 2008 fue dura y duradera en el tiempo, demostró que la pesca fue el único segmento de la industria que mantuvo puestos de trabajo y sueldos. Superada la situación, no se tuvo en cuenta esta percepción, hasta el extremo que el sector que siguió padeciendo déficit de personal, vive ahora la falta de capacidad para heredar las gerencias de las casas armadoras, la nueva generación aprovechó la estabilidad que dieron los barcos y su explotación a los progenitores para embarcarse en trabajos liberales, de elevada capacitación, altamente dependiente de las tecnologías y con gran capacidad de desplazamiento.

Las nuevas generaciones viven de espaldas al mar de Cunqueiro. Pero el mundo crea sus propias armas de defensa al cabo de los siglos y aquellos dados que Einstein afirmaba que Dios tiraba sobre el tapete ruedan sin saber qué jugada van a deparar. Y un país altamente dependiente del turismo y de la libre circulación de personas en pleno albor del siglo XXI se ve confinado en sus casas, con las fronteras cerradas y con la autoridad patrullando las calles como en una película del Apocalipsis.

Entonces Galicia vuelve sus ojos a su mar, ese mar que quitó el hambre tras la Guerra Civil con sus tarrafas del chicharrón, o tras la Segunda Guerra Mundial con la flota entera por la neutralidad colonizando un Gran Sol atiborrado de merluzas y sin presencia de submarinos nazis, y unas aguas de Terranova fértiles en bacalaos coma homes.

La historia se repite

Inexorablemente se repite la historia, con un país paralizado cada día sale la flota de litoral, la de bajura, los artesanales a reponer y servir el pescado fresco que seguirá constituyendo el mejor aporte vitamínico que tiene nuestro Cantábrico. Y no será suficiente, ni siquiera esta crisis que vendrá a cambiar hábitos sociales y de comportamiento, que llegará para que Europa entera se dé cuenta de que su riqueza, nuestra riqueza está en sus aguas, que cuando se pide incremento de cuotas es debido al mantenimiento de una estructura fundamental para la supervivencia de un país, el nuestro, empeñado en deshacerse de su tejido más valioso, la pesca, el que ahora se manifiesta imprescindible pero que nos coge en mínimos. La flota ha sufrido una reducción inversamente proporcional a la riqueza de sus aguas, pero aguantamos y hoy más que nunca nos reivindicamos. Galicia no puede olvidarse de su mar, nuestro Estado no puede dejar de lado cuando se le reclama las facilidades para operar una flota que ahora y siempre se hace insustituible. Mientras la limpieza vírica de lonjas, barcos, congeladores y compradores aguante, la provisión de pescado estará garantizado por los reponedores. Y cuando está crisis pase, que pasará, que nadie se olvide de quién y de qué dependemos para mantenernos en pie. No lo olviden sus señorías.

Link: http://www.lavozdegalicia.es

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